Debo de estar loco para hacer lo que estoy haciendo. La
verdad es que coger un autobús (que no necesito) a las nueve de la mañana, solo
para ir al final de la línea y luego volver a casa, no es de estar muy cuerdo,
no. Y sin embargo lo hago todos los días desde hace seis meses. Y todo por una
única razón: verla. Era todo lo que necesitaba.
La primera vez que la vi, fue por pura casualidad. Tenía que
ir al médico y cogí un autobús para poder llegar a tiempo. Normalmente, el
trayecto lo cubría a pie o pedía a alguno de mis amigos que me llevaran. Pero
ese día yo tenía algo de fiebre y como me habían citado pronto, mis amigos
pasaban de madrugar para acercarme. No me quedo más remedio que coger el
autobús.
Después de esperar un rato sentado en la marquesina,
apareció el bus. A estas horas estaba medio vacío así que pude escoger mi lugar
preferido, cerca de la puerta trasera. Nunca se sabe cuándo vas a tener que
utilizarla. Dos paradas más adelante, subió un grupito de niños en edad de ir
al colegio y un par de chicas que tendrían mi edad o incluso algo menos.
Una de ellas era una preciosidad. Era la típica chica de las
que salen en las revistas anunciando cualquier cosa. De esas que llama la
atención y ni siquiera te fijas en el producto que intentan venderte (a menos
que sea ropa interior). La otra chica era muy normalita, no le preste mucha
atención la verdad. La modelo, se sentó a mi lado dedicándome la mejor de sus
sonrisas. La otra en el asiento de enfrente. No sé si reparo en mi presencia o
es que simplemente pasaba de todo. Saco un libro y se puso a leer.
La chica que estaba sentada a mi lado saco una lima y se
puso a arreglarse las uñas. Me recordó a las típicas marujas y de repente deje
de prestarle atención. Miré por la ventanilla, pero el tráfico no me parecía
para nada interesante. Mire hacia delante y mi mirada se encontró con unos ojos
verdes que enseguida volvieron a posarse sobre las páginas del libro que leía.
Sonreí. Parece ser que si había reparado en mi. La observe un rato, pero no
volvió a levantar la vista del libro ni una sola vez. Unos minutos después, se
bajo en una parada frente a un instituto. Supuse que estudiaría allí. No volví
a verla hasta dos meses más tarde.
Me había roto el brazo haciendo el idiota con mis amigos y
tenía que ir a quitarme la escayola. Volvieron a citarme pronto. Ella subió en
la misma parada, pero esta vez sin la “modelo”. Volvió a sentarse en el asiento
frente al mío. Llevaba un par de libros, pero no abrió ninguno de ellos. Miró
por la ventana y yo me dedique a observarla. Cuando se aburrió, abrió su bolso
y empezó a rebuscar intentando hallar algo. Saco un ipod y conectándolo, se
puso a escuchar música. Cerró los ojos y se olvido del mundo. Mientras, yo me
dedique a leer las dedicatorias que mis amigos habían escrito en mi escayola,
por si acaso se les hubiese ocurrido poner alguna guarrada, ya que no era plan
de que la enfermera leyera eso. Encontré alguna que no llegaba del todo a ser ofensiva pero una era demasiado
escatológica. Tenía que borrarla como fuera. Me rebusque en los bolsillos por
si acaso llevaba algún boligrafo encima, pero no tenia. Mire a mi alrededor, todo
era gente mayor. Menos la chica que tenía enfrente.
Me estiré y le toqué en el brazo suavemente. Ella se
sobresaltó y abrió los ojos como platos. Me miró fijamente y quitándose uno de
los auriculares espero a que le dijera algo.
- - Perdona, ¿tienes un rotulador o un bolígrafo que
puedas prestarme? – le dije.
Abrió su bolso y sacó un estuche, rebuscó en su interior y
me tendió un rotulador permanente de color negro.
- - Gracias – musité cuando lo cogí.
Quité la capucha y me afané en quitar la dedicatoria más
guarra. Pero Jan sabe donde escribir las cosas para evitar que las borre. No
llegaba. Maldecí en todos los idiomas que sabía.
- -¿Te ayudo? – dijo una voz suave a mi lado.
Miré a mi interlocutora y asentí. ¿Cuándo se había movido de
su asiento? Estaba arrodillada frente a mí, así que debería haberla visto. Me
quitó el rotulador de la mano y
señalándome una de las dedicatorias me preguntó:
- - ¿Esta? – volví a asentir - ¿Te ha comido la
lengua el gato de repente? – sonrió mirándome un segundo antes de volver a
centrarse en mi escayola.
- -No, lo siento. Es que me ha sorprendido que me
ayudaras. Eso es todo – respondí.
-
¿Quieres tachar alguna más? – me preguntó.
Le indiqué un par más. No volvió a hablar. Cuando acabó, se
fue a su sitio y se puso a recoger todas sus cosas. Se levantó y se acercó a la
puerta. El autobús paró y ella bajó. Ni siquiera se despidió, un simple gesto
hubiera bastado. Suspiré. A veces soy idiota de remate. Se me podía haber
ocurrido preguntarle cómo se llamaba o algo. Bueno al menos, me mantuve callado
y no metí la pata como otras tantas veces.
Desde ese día, subo todas y cada una
de las mañanas a ese autobús, con la esperanza de verla. Aunque nos hemos visto
la mayoría de los días, apenas hemos cruzado cuatro palabras.
Hoy, la noté nerviosa, no hacía más que colocar los libros
una y otra vez encima de sus rodillas. Me miró y esbozó una ligera sonrisa,
pero siguió sin pronunciar palabra. Una vez en su parada, recogió todas sus
cosas rápido y salió como alma que lleva el diablo. Cuando el autobús retomó la
marcha, volví mi vista hasta el asiento donde ella había estado sentada minutos
antes. En el suelo había algo caído, me acerqué y me dí cuenta de que era su
móvil. La he visto jugar otras veces con él. Debió de caérsele mientras recogía
todo. Mañana se lo devolveré, así tengo una excusa para hablar con ella.
- -¿Piensas hablar con ella? – la voz de Jan me
sacó de mis divagaciones.
- -Eso intento. Pero siempre se va antes de que me
atreva a pronunciar palabra – le conteste.
- - Quizá deberías bajar en su parada o esperarla en
la puerta del instituto antes de que ella entre – sugirió David.
- - ¡Buena idea! Y antes de que te diga nada,
plántale un beso de esos que quitan el sentido – Timo sonreía ante su idea – Si
no te parte la cara, la tienes en el bote.
- -¡Pero mira que eres bestia! – exclamó Juri – Si
casi no se atreve a decirle ni hola, ¿cómo esperas que la bese?
- - ¡Eh! ¡Que estoy delante! – protesté.
- -Tío, pensé que eras mas lanzado con las chicas –
sentenció Franky.
- - ¡Y lo es! – rio Jan – Pero con las que no le
gustan. O con las que solo quiere un rollo. – Odio que Jan me conozca tanto.
- - Bueno, entonces… ¿qué vas a hacer? – David me
miraba serio.
- - No lo sé. Por lo pronto devolverle el móvil.
Cuando me fui a mi casa, me tumbé en mi cama con el móvil de
la chica en las manos. Intentaba decidir cuál sería el mejor momento para
hablar con ella. Decidí, que la esperaría en la puerta del instituto. Quería
mirar alguna de las fotos que tenía en el móvil, pero fui incapaz de hacerlo
eso me parecía una intrusión en su intimidad en toda regla. Lo único que me
atreví a hacer fue llamarme desde su móvil para tener su número.
RAISA:
Cuando me levante esta mañana, algo me decía que no iba a
ser como todos los días. No sé cómo explicarlo, pero era una sensación extraña.
Después de desayunar, cogí mis cosas y salí corriendo a la parada del autobús.
Mientras esperaba, saque mis apuntes y me puse a repasar para el examen que
tenia.
Cuando me senté en el asiento de siempre, me fije que el
chico no estaba. Creo que la sensación que me dejo fue un vacío en el estomago.
Hoy no tendría mi ración diaria de ojos bonitos, ni vería la sonrisa de medio
lado que pone al mirar por la ventanilla cuando piensa que no le estoy mirando…
Resumiendo: hoy no lo iba a ver. Suspirando, volví a centrarme en los apuntes.
Después de unos minutos, lo di por imposible. No podía dejar de pensar en el.
De repente, el autobús dio un frenazo y todos mis apuntes
cayeron al piso, al igual que yo que me estampe literalmente con el suelo.
Presentía que hoy no iba a ser un buen día y para colmo había perdido mi móvil.
O me lo habían robado, no estaba segura. La cosa es que no lo tenía y andaba
mas perdida sin él que un pulpo en un garaje. Recogí todas las hojas y volví a
sentarme en mi sitio. Guardé los apuntes y cuando llego mi parada bajé.
Nada más poner los pies sobre la acera mis amigas Gabrielle,
Liese y Hannah se me acercaron corriendo. Supuse que para preguntarme algo del
examen. O para echarme la bronca por no cogerles el móvil, vete tú a saber.
- - ¿Qué tal te lo sabes? – me pregunto Gabrielle.
- - Creo que bien – conteste.
- - ¿Por qué no contestas al móvil? – Hannah se
cruzo de brazos, visiblemente enfadada.
- - Porque no sé si lo he perdido o me lo han
robado.
- -¿En serio? – la cara de Liese mostraba una gran
sonrisa – Os dije que no tardaría en perderlo. – miro a las otras chicas.
- -¡Eh! ¡Que no soy tan desastre! – proteste.
- - Ya, claro… - todas rieron.
Empezamos a andar hacia la entrada del instituto. En la
puerta había un chico apoyado en la verja. El corazón me dio un vuelco cuando
le vi la cara. Me quede quieta cerca de él. Cómo yo iba la primera, mis amigas
chocaron conmigo.
- - ¿Se puede saber por qué te paras así de repente?
- -Id andando, ahora os pillo – conteste.
- - ¡No tardes! – gritó Gabrielle.
En cuanto las chicas se alejaron un poco, el chico se acerco
hasta donde yo estaba. Se le veía nervioso.
- -Hola – dijo.
- - Hola – contesté- ¿Qué haces aquí?
-
Ayer cuando bajaste del autobús, me di cuenta de
que se te había caído el móvil. Y vine a traértelo – estiro el brazo, en su
palma estaba mi móvil.
- - ¡Gracias! Pensé que me lo habían robado – cogí
el teléfono de su mano - ¿Por qué no estabas hoy en el autobús? Quiero decir,
que me lo podías haber dado en el bus y no tendrías que haber venido hasta
aquí.
- - Es que si te lo daba allí no hablarías conmigo.
Pensé que era mejor hacerlo aquí.
- -Tengo que entrar, estoy en plenos exámenes
finales – le dije al chico – Pero gracias otra vez. – dije entrando en el
recinto.
Empecé a caminar hacia las clases. De repente me pare,
suspire y dándome media vuelta volví a salir a la calle.
- -¡Eh! – le grite al chico que empezaba a alejarse.
Se giro y me miro - ¿Tienes algo que hacer hoy?
- -No, ¿Por qué? – me miro intrigado.
- -Podíamos tomar un café juntos o algo. Como
agradecimiento por devolverme el móvil.
- - No sé si eso me conviene… - dijo sonriendo – No
suelo quedar con desconocidas.
- -Ni yo suelo proponérselo a extraños, pero eso
tiene fácil solución. Me llamo Raisa – dije tendiéndole la mano.
- -Christian – contesto mientras me estrechaba la
mano.
- -Bueno Christian, entonces… ¿quieres quedar
conmigo o no? – pregunte.
- - ¿Eso es una cita? – inquirió levantando una
ceja.
- -Si. Eso creo. O al menos pretendía serlo… -
respondí encogiéndome de hombros.
- -Siendo así… Si. Quiero quedar contigo, Raisa. –
volvió a sonreír.
- - De acuerdo, entonces ¿te parece bien esta tarde?
Sobre las seis en… bueno, no sé donde te viene bien.
- -¿En el parque que hay cerca de la parada de
autobús donde subes?
- -Vale. Tengo que irme. Nos vemos esta tarde.
- - ¿Cuánto dura el examen? – me pregunto
- - Una hora ¿Por qué? – respondí.
- - Nada, curiosidad. Que tengas suerte.
- - Gracias.
Entré corriendo en clase y no me cerraron la puerta en las
narices por los pelos. Me senté en mi sitio y me puse a hacer el examen lo más
rápido que pude. Gracias a Dios que me sabia todas las preguntas porque mi
mente, ahora mismo estaba en las nubes. El examen me ayudo a tranquilizarme.
Cuando sonó el timbre que marcaba el fin de la clase, recibí un mensaje de un
número desconocido:
“¿Tienes algún examen mas
hoy?”
No sé por qué, pero se me acelero el corazón. Le conteste
que no y guarde el número. En menos de un minuto tenía otro mensaje:
“Me aburro. ¿Qué te parece si
adelantamos la cita? Te espero abajo. No tardes.”
Por toda respuesta, recogí mis cosas lo más rápido que pude
y me dispuse a salir de clase antes de que apareciera el profesor.
- - ¿Pero ahora dónde vas? – Liese, no entendía
nada.
- -He quedado.
- -¿Con el chico de antes? – asentí - ¿Estáis
juntos?
- -No, aun no – conteste – Chicas tengo que irme
¿vale?
Christian estaba sentado en uno de los bancos de la entrada.
A su alrededor había varios chicos haciendo el ganso. Se levanto al verme y al
pasar por donde estaban los chicos uno de ellos me empujo sin querer, haciendo
que Christian y yo quedáramos más cerca de lo que ambos pretendíamos. Poco a
poco fui acercándome aun más a él y al final junte mis labios con los suyos en
un beso corto, al que le siguieron varios más. Mi corazón bombeaba sangre a
marchas forzadas. Mi móvil empezó a sonar, me separe de Christian y mire el
mensaje de Hannah:
“¡Zorra! ¡Dijiste que no
estabais juntos! EXIGIMOS una explicación. ¡Te queremos! Besitos”
Sonreí, mis amigas son de esa clase de personas que primero
te llaman zorra y luego te dan besitos. Pero son geniales y no las cambio por
nada del mundo. Mire hacia la ventana de mi clase donde mis amigas estaban
asomadas y por gestos, les dije que las llamaría.
Christian me sonreía, le agarre de la mano y tire de él
fuera del instituto.
Recordé la sensación rara con la que me había levantado y el
pensamiento de que hoy iba a ser un día pésimo si no veía al chico de los ojos
azules. Creo que jamás había estado tan equivocada como hoy, ya que ha sido
magnifico.
Además, hoy acababa de comenzar la historia de amor más
bonita jamás contada. Al menos para mí y para Christian.



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