AÑO 2007:
Estoy
en mi segundo año en la Facultad de Periodismo. Como pasa el tiempo…
Aun sigo
perdida en mis pensamientos, supongo que aun arrastro secuelas de mi época de
porrera. No puedo evitar pensar en que será de la gente de Neumünster, de
Sebastian o incluso de Christian. Sé que no me hace ningún bien, pero forma
parte de mi vida. Y eso es algo que no puedo borrar.
Sé
que uno de mis profesores estaba dando clase, pero yo no le hacia el más mínimo
caso. Debía de estar muy perdida en mis divagaciones sin sentido porque tuvo
que gritar para que le prestara atención.
-
¡Señorita
Kranich! – pegue un respingo en mi silla. – La espero al final de la clase.
-
¡Sí,
señor Gerhkam! – dije. Menuda la que me iba a caer. Es uno de los profesores
más severos. – ¿Y tú no podías avisarme?
– le dije a mi compañera.
-
¿Qué
coños te crees que llevo haciendo durante 10 minutos? – la mire. Estaba
enfadada.
¡Joder!
¿Tan autista me he vuelto? Si, supongo que sí.
Otra secuela.
Acabo
la clase y espere paciente a que mis compañeros salieran del aula. Me levante
con parsimonia y me acerque a la mesa del profesor. Respire hondo esperando la
bronca del siglo.
-
¿Te
pasa algo? Últimamente te veo algo pensativa. – me dijo en tono paternal.
-
No,
no es nada. Supongo que es estrés por los exámenes que se acercan. – me encogí
de hombros. Christian me había enseñado a mentir. ¿Se puede saber porque pienso
últimamente en él?
-
Espero
que solo sea eso… - dijo riéndose.
-
Seguro.
– afirme.
-
Está
bien pero no te vas a librar de tu castigo. – asentí esperando. - Esta tarde
unos chicos dan un concierto para presentar su primer disco. Quiero que vayas
allí y te hagas pasar por una fan más. Quiero que cuentes lo que se siente al
ver un concierto desde el punto de vista de una fan. No quiero que sea
mecánico, quiero que tenga sentimiento. Que escribas lo que te salga del
corazón. No te preocupes solo lo voy a leer yo. No vas a exponerlo ante la
clase.
-
De
acuerdo. ¿Cómo se llama el grupo? – pregunte.
-
Nevada
Tan. – me respondió.
Así
que horas después de esa conversación, me encuentro esperando a que abran las
puertas junto con bastantes fans. Y lo mejor de todo es que no tengo ni idea de
ninguna de sus canciones, de hecho no sé ni qué tipo de música tocan. Claro,
que como tampoco he visto fotos de ellos, no sé ni como son. ¿Cómo puedo escribir
con el corazón sobre algo que nunca he oído? Otra cosa es que me lo dejara
hacer sobre mi grupo favorito. Pero bueno, esto se ha convertido en un reto.
Infiltrada
entre las verdaderas fans, me fui enterando de que los chicos son de Hamburgo
(aunque cuatro vienen de mi ciudad, de Neumünster y otro de Heidelberg), cantan
en alemán y hacen un tipo de música que ellos denominan crossover (pero que
luego cuando escuche una canción, me sonaron similares a Linkin Park).
No
sonaban mal la verdad. Al final iba a disfrutar del concierto. Saque mi cámara
y nos pusimos a hacernos fotos mientras esperábamos a que abrieran las puertas.
Una vez dentro me coloque en primera fila pero hacia la izquierda del
escenario. Como no había muchas chicas estábamos hablando y riendo
escandalosamente. Las chicas empezaron a cantar sus canciones. Yo tomaba nota
mentalmente de todo lo que veía y oía.
De
repente apareció un armario empotrado de 6x6, lo que vulgarmente se llama uno
de seguridad.
-
Eh, tú. – dijo señalando hacia donde estaba
yo. Todas nos miramos y nos señalamos.
El segurata parecía incomodo – La de la camiseta azul, acércate.
-
No estábamos haciendo nada – dije mientras me
acercaba, ya que la de dicha camiseta era yo.
-
Pues
parece ser que para alguien si – dijo mientras me cogía como si fuera un saco
de patatas y me metía hacia la zona de backstage.
-
¡Suéltame!
– gritaba mientras le daba puñetazos en la espalda (como si eso le fuera a
doler…)
Al
darme cuenta de que era inútil, me quede quieta. Llego a una puerta y la abrió. Entro conmigo todavía en los brazos. Me
dejo en el suelo y se marcho de allí dejándome dentro. En cuanto cerró la
puerta salí corriendo detrás de él intentando abrirla.
Un
ligero movimiento se produjo a mis espaldas. Lentamente me gire y vi cinco pares
de ojos mirándome curiosos. Trague saliva. A ver como les explicaba yo a estos
que yo no quería estar allí. Que me habían obligado.
-
Hola
– me dijo un chico que parecía rapero.
-
Hola
– conteste.
-
¿Que
haces aquí? – me pregunto.
-
Pues
eso quisiera saber yo. – bufe – Pregúntale al gorila ese de la puerta. Me
secuestro y me trajo aquí.
-
Alguna
razón tendrá para haberlo hecho, ¿no? – sonó una voz a mis espaldas.
Me
di la vuelta, lentamente. Vi a un chico moreno de ojos verdes, el flequillo le
caía sobre uno de los ojos. Al verlo me quede sin palabras. Había cambiado
físicamente, pero aun conservaba esa sonrisilla que me recordaba tanto a su
hermano. Y para que lo voy a negar, estaba muchísimo más guapo de cómo lo
recordaba.
Al
final había logrado hacerse un hueco en el mundo de la música. Y tenía fans.
Aun así había querido que yo fuera la que estuviera allí. Supongo que también
sentía curiosidad por saber cómo estaba yo.
-
¿Se
lo has pedido tú? – pregunte.
-
¿Quién
si no? – se rio.
-
¿Por
qué?
-
¿Tiene
que haber una razón? – dio un par de pasos hacia mí.
-
Tú
siempre haces algo por alguna razón, Christian.
-
Eso
era antes. – suspiro.
-
Ya…
pues perdona si no me lo creo. – me reí.
-
Tenía
curiosidad por saber si habías cambiado – dijo al fin – y veo que sí.
-
Tú
me hiciste cambiar, ¿recuerdas? – los demás nos miraban sin entender nada. – Me
obligabas a hacer cosas que no quería, perdí la beca, empecé a fumar porros y
hasta tuve que cambiarme de ciudad por ti. Espero que estés orgulloso.
-
No
lo de los porros no fui yo. Empezaste tu solita. – dijo acercándose más a mí. –
Si no recuerdo mal, yo les dije que no fumabas.
-
¡Oh,
perdona! – me reí a carcajadas –Pero si en realidad no quisieras que fumase, en
cuanto le di la primera calada me hubieras quitado el porro. No lo hiciste,
servía mejor a tus propósitos fumada, ¿verdad? Así que no me vengas con aires
de niño bueno, porque no lo eres.
-
He
cambiado. ¡Tú me cambiaste! – me grito – Deje de fumar, empecé a escribir
buenas canciones, cambie de amigos y ahora estoy en un grupo.
-
Sí,
me acuerdo de las canciones. – suspire – Quizá lo único bueno que salió de ese
maldito año.
Nos
quedamos los dos en silencio. Uno frente al otro. Supongo que nos dijimos todo
lo que nos teníamos que decir.
-
Quizá,
si ya habéis acabado de discutir, ¿podías
presentarnos a tu amiga no, Linke? – dijo el rapero.
-
Sí,
claro. – respondió. - Sophia, estos son: Timo (señalo al rapero), Franky (un
chico castaño de ojos azules), Juri (un chico rubio bastante callado), David
(un moreno con un gorro y gafas de aviador) y Jan (un chico con una máscara que
solo dejaba ver unos ojos azules).
-
Hola,
siento el numerito – dije señalándonos a Christian y a mí.
-
No
pasa nada, ¡si hasta ha sido divertido! – exclamo Timo – ¿verdad chicos? – los
demás no dijeron nada.
Suspire.
Los chicos parecían majos, pero a Christian y a mí no nos sentaba demasiado
bien estar juntos. Así que pedí a los chicos que me dejaran ir al baño. En
realidad se lo pedí porque me tenían la puerta cerrada con llave, no porque
necesitara pedir permiso.
Una
vez en el baño, me derrumbe y me dio por llorar. Pensé que había superado todo
lo que me paso, pero al ver a Christian otra vez, había recordado todo. Me lave
la cara intentando ocultar que había llorado. Fui en busca de papel higiénico
para secarme la cara y las manos. Cuando me di la vuelta, Christian estaba
apoyado en los lavabos. Rápidamente me vino a la memoria la imagen de Sebastian
en la misma posición que ahora estaba su hermano.
-
Siento
todo lo que he dicho ahí dentro – dije – no tenía derecho a contar tu vida delante
de ellos.
-
Tranquila,
no has dicho casi nada que ellos no supieran. – se rio. Pues si que ha
cambiado… El Christian de antes se hubiera puesto hecho una furia, no le
hubiera dado por reír.
-
¿Puedo
hacerte una pregunta? – inquirí. El asintió – ¿Que paso realmente con
Sebastian?
-
Lo
utilice para llegar hasta ti. – abrí los ojos como platos – Déjame acabar antes
de que digas nada. – cerré la boca - Me
gustabas desde que te conocí, pero tú no me hacías ni caso. Hiciera lo que
hiciera pasabas de mí. Empecé a meterme
contigo porque fue de la única manera que llame tu atención. Pero llego un
momento en el que pasabas de lo que te hiciera. Se me ocurrió que mi hermano
podía ayudarme. No lo conocías así que no podías relacionarlo conmigo. Pero
supongo que el juego acabó por volverse contra mí porque mi hermano solo tenía
que acosarte, no acabar enamorándose de la misma chica que yo. En la biblioteca
solo tenía que besarte y entrar yo y pillaros. Sacar una foto y se acabo. Luego
vendría el chantaje. Pero Seb es así de imprevisible y llego más allá. Logro
que tú cayeras en su juego y cuando le llame para ver cómo iba la cosa, me
colgó. Cuando volví a llamar un rato después, fue a colgarme, pero con los
nervios le dio a aceptar la llamada. Con lo cual yo lo oí todo y sabiendo que
eso era incluso mejor que la foto lo grabe todo en mi móvil. Así que lo de
después vino rodado.
-
¿Porque
tu hermano? Podías haber utilizado a cualquiera – pregunte.
-
No
lo sé. – me miro. – Quizá me pase. Pero no me arrepiento del tiempo que pase
contigo. Aunque si de las formas que lo hice. Siento que pasaras por todo lo
que pasaste por mi culpa. Supongo que estaba tan contento por estar contigo que
no me di cuenta de que te ibas consumiendo por dentro.
-
¿No
crees que ya es tarde para pedir perdón? – le dije.
-
Nunca
es tarde Sophia –me dijo.
-
Para
ti si lo es – le conteste.
-
No,
no lo es. – me agarro del brazo – se como me miras, te gusto aunque no quieras
reconocerlo.
-
Eres
guapo y con ese cambio de look estas mucho mejor. – concedí - pero no te hagas ilusiones porque te diga que
estas bueno…
-
Tu
también estas mucho más guapa, más delgada y hasta me atrevería a decir que has crecido algunos centímetros. –
seguía agarrándome del brazo y me acerco mas a él. – Llevas el pelo más largo y
me gusta tu perfume – dijo mientras posaba sus labios en mi cuello.
Al
instante un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Quería escapar, pero no podía y
no porque Christian me tuviera agarrada de la nuca y el cuello, si no porque no
estaba segura de querer hacerlo. Mientras yo dudaba entre irme o quedarme,
Christian besaba mi cuello, fue subiendo hasta el lóbulo de la oreja y después
fue bajando por mi mandíbula, hasta que llego a la comisura de mis labios. Me
miro a los ojos y sin cerrarlos me beso con pasión. Quise saber que sabor
tenían sus besos sin estar fumada, así que me deje llevar. Acabamos en uno de
los cubículos del baño. Curiosamente como con su hermano tres años atrás. La
vida me había condenado a vivir repitiendo mis actos.
Cuando
salí un rato después de los baños, me acerque a despedirme de los demás
miembros del grupo y me fui hasta donde debería haber estado toda la tarde, con
las fans. Al menos me habían guardado el sitio. Me hicieron muchas preguntas
pero yo las contestaba con mentiras. No les iba a contar que Christian y yo
éramos viejos amigos y que me lo acababa de tirar en los baños.
Me
fui de allí antes de que acabara el concierto. No quería que le diera tiempo a
Christian de venir a por mí. Además yo me había arrepentido de lo que acababa
de hacer en los baños tan solo una hora antes y si lo volvía a ver quizá
volviera a caer.
Al
día siguiente deje el trabajo sobre la mesa del profesor. Quizá mi mejor
trabajo. Y también el ultimo, porque deje la universidad y me fui lejos de
Hamburgo, para siempre.



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