
AÑO 2004:
- - ¿Pero
es que no piensas dejar de perseguirme!? – exclame al ver al chico rubio entre
dos de las estanterías de la biblioteca.
- - ¿Sinceramente?
– yo asentí y el pareció quedarse pensativo – No – dijo finalmente con una
sonrisilla de medio lado.
- -¡Qué
cruz! ¿Pero es que no hay chicas de tu edad o qué? – me estaba cansando de que
me persiguiera por todas partes.
- - Si
hay, pero no son ni la mitad de interesantes que tu. – me respondió mientras se
acercaba mas a mí.
Instintivamente,
yo retrocedía con cada paso que él avanzaba. Una de las bibliotecarias apareció
muy oportunamente para colocar unos cuantos libros en las estanterías del
pasillo en el que estábamos. Eso pareció frenarle un poco, ya que la
bibliotecaria le miro algo mal. No en vano estaba apoyado en la estantería con
una pose algo chulesca. Aproveche la situación para escapar de allí. Me fui
cargada con los libros hasta la mesa donde estaban mis cosas y me dispuse a
buscar información para hacer el trabajo.
Un
rato después termine con el trabajo, me levante de la mesa y deje los libros en
la estantería. Fui al baño, ya que me pillaba de paso, antes de irme. Entre en
uno de los cubículos y segundos después oí como entraba otra persona en el
baño. Cuando abrí la puerta, lo vi.
Estaba
de pie apoyado en los lavabos. Me miraba fijamente.
- - ¡Tío, lo tuyo es de psiquiátrico! – le dije
mientras me dirigía a la puerta de salida.
Me
intercepto antes de que llegara. Le mire con paciencia, aunque se me estaba
agotando por momentos. El parecía divertido, pero a mí no me hacia ni pizca de
gracia. Nos miramos por un momento,
observándonos. La verdad es que para tener 14 años no estaba nada mal. Era
alto, rubio, ojos verdes, una carita muy mona y una sonrisa que derretía a
cualquiera. Que se hubiera fijado en mi, en vez de en cualquier chica de su
edad… decía de él dos cosas: o era demasiado maduro como para estar con crías
de su edad o estaba tan salido que necesitaba probar cosas nuevas, como por ejemplo estar con chicas
mayores que el.
Mientras
intentaba adivinar sus intenciones, se acerco a mí y me beso. Me pillo por
sorpresa, pero besaba tan bien que le seguí el juego. Me metió en el cubículo
del que había salido y allí las cosas fueron subiendo de temperatura. Tanto que
casi ni nos da tiempo a sacar un preservativo. Al menos iba bien preparado.
Mientras le ponía el preservativo, le llamaron. Colgó y seguimos a lo nuestro.
Después
de eso no le vi el pelo en dos semanas.
Iba
mal con el inglés así que mis padres me mandaron a clases particulares, pero
como no andábamos muy bien de dinero, contrataron a una chica mayor que yo. El
primer día estuvo en mi casa, pero los demás días fuimos a la suya ya que quedaba
más cerca del instituto.
- - ¡Hey,
hola! – me dijo cuando abrió la puerta. – Siento decirte que no estaremos
solas, mis hermanos andarán por aquí. Hoy no tienen entrenamiento de balonmano
pero ninguno quiere salir a dar una vuelta, así que espero que no molesten. –
suspiro.
- - Bueno,
no pasa nada – reí.
Nos
fuimos a su habitación, como siempre. Estábamos enfrascadas en lo nuestro
cuando de repente se abrió la puerta y aparecieron dos chicos altos y delgados
muertos de risa.
- - Déjame
que lo piense… - exclamo uno de los chicos – ¡No! – y los dos empezaron a
reírse otra vez.
Al
oír aquella voz me quede blanca. Era su voz. ¿Dos semanas sin verle y me lo tengo
que encontrar en su casa? ¡Vaya suerte la mía!
¡Mierda! Esa otra voz… me di la vuelta poco a poco y
los vi a los dos. Juntos se parecían
bastante la verdad, pero por separado, eran bastante diferentes. ¡Genial! ¡Mi
peor pesadilla era hermano de mi profesora y mi acosador! ¡Qué pequeño es el
mundo!
- -¿Conoces
a mis hermanos? – me pregunto la chica.
- - Claro,
yo voy a clase con ella… - dijo el mayor de los dos. – pero no sé de qué conoce
al enano… - nos miro a los dos intermitentemente como intentando adivinar algo.
Yo estaba
roja y su hermano no sabía a dónde mirar. De repente abrió los ojos como
platos. Agarro al pequeño y se lo llevo a rastras cerrando la puerta de la
habitación tras ellos. Nosotras volvimos a lo nuestro y no nos volvieron a
molestar.
Al
día siguiente, me levante sin ganas de ir a clase. No sé por qué la reacción de
mi compañero no me gusto ni un pelo. A saberse que me haría esta vez. Nunca nos
hemos llevado bien. Bueno espero que su hermano no le haya contado nada. Si no ¡estoy muerta!
Entre
en clase y lo primero que hice fue sentarme en mi sitio sin mirar a nadie.
Quería que las horas se me pasaran rápido. Aunque solo había tres horas hasta
el recreo, se me hicieron eternas y eso que me había librado de mi compañero.
En
el patio, me senté en las gradas. Vi un poco más abajo a un grupito de chicos
fumando. Elegían ese sitio porque desde allí los profesores no les veían,
tenían delante a chicos jugando al baloncesto o al fútbol, dependiendo del día.
Saque
uno de mis libros y empecé a leer. Estaba tan enfrascada en la lectura que no
me di cuenta de que alguien se me había sentado al lado.
- - Vaya,
vaya… ¡pero mira a quien tenemos aquí! ¡Si es mi cuñada favorita! – ¡Mierda! ¡Lo
sabe! Eres un puto bocazas… cuando te
pille…
- - ¿Qué
coño quieres Christian? – le dije con toda la sangre fría que pude. – ¿Has
fumado? – le pregunte cuando un olor a porro me llego a la nariz.
- - ¡Estoy
fumando! – se rió.
- - ¡Apártate
de mi! No quiero que me vean con alguien que fuma porros.
- - Oh,
no quiere que la vean con alguien que fuma porros, pero no le importa tirarse a
un crió de 14 años… - dijo levantando la voz.
- - ¿Quieres
callarte y dejar de fumar? No sabes las gilipolleces que sueltas cuando estas
fumado… vas a acabar idiota perdido. – me reí – ¡Ah, no! ¡Que ya lo eres!.
- - Si,
intenta hacerme quedar mal – se rio él – pero se la verdad.
- -Es
tu palabra contra la mía – le dije segura de mí misma.
- - Yo
diría que no – saco su móvil, busco algo y me lo paso para que lo oyera. – El
idiota de mi hermano en vez de colgar, le dio a descolgar. – me miro con una
sonrisa maléfica.
- - ¿Que
es lo que esperas conseguir con eso? – le dije nerviosa.
- - Bueno,
ya veré que se me ocurre. Pero hasta entonces… no te cabrees conmigo. – dijo
mientras me daba un beso en la mejilla.
- - ¡¡Gilipollas!!
– le grite mientras se alejaba.
Dos
días después, Christian se volvió a acercar a mí en el recreo. Durante estos
dos días no había logrado dormir esperando ver que es lo que tendrá que hacer
para que no se enterara todo el instituto. Tampoco había visto a Sebastian, así
que no había tenido oportunidad de hablar con él.
- - ¿Sabes?
Ya sé que es lo que quiero… - me dijo mirándome. – Dejar de fumar. Tienes razón
no hago más que decir tonterías. Deberías ver las cosas que escribo… - se
empezó a reír solo.
- -¿Y
que tengo que ver yo con eso? – levante una ceja.
- -Oh,
todo, Sophia, todo. – le mire sin entender – Veras, voy a necesitar tener la
boca ocupada cuando me entre el mono…
- - ¿Vas
a discutir conmigo? ¿Más todavía? – el se rio.
- - No
has entendido nada… vas a fingir ser mi novia.
- - ¿Qué?
¡Tú estás loco si piensas que voy a hacer eso! – grite.
- - Bueno
es eso… o que todo el instituto se
entere de que te tiraste a mi hermano… Sopésalo y ya me dirás. – se levanto y
se fue con sus amiguitos.
Yo me
quede quieta pensando si sería mejor hacerle caso o aguantar las risas y
comentarios de los demás chicos del instituto. Está claro que eso le daría
mucha fama y popularidad a Sebastian, pero a mí me hundiría aun más. No es que
yo fuera la más friki del insti, pero sí de las más empollonas. No porque me
gustara estudiar, sino por la beca. Viendo lo que me esperaba, tome mi decisión
segura de que me iba a arrepentir toda mi vida.
- - ¡Christian!
– le grite, él se dio la vuelta sonriendo. -
¡Tú ganas! – se acerco otra vez a mí.
- - Sabía
que ibas a escoger la mejor opción. - se
rio – Bueno entonces a partir de ahora tendrás que estar conmigo. ¿Qué tal si empezamos ahora? – me agarro de
la mano y me arrastro con él hacia sus amigos.
Cuando
llegamos allí y nos sentamos todos nos miraron con caras raras. Normal, no
pegábamos ni con cola. El era alto, rubio, de ojos verdes, guapo (lo tengo que
reconocer, el cabrón es guapo) y con la misma sonrisa que tiene su hermano. Eso
sí mucho mas macarra que Sebastian. Yo por el contrario, soy castaña, con los
ojos verdes, llevo gafas, estoy algo rellenita, no soy excesivamente alta y soy
una empollona. Vamos es lo más normal del mundo ver a un porrero con una
empollona.
- -¿Que
está haciendo esta aquí? – pregunto uno de los chicos.
- - Es
mi novia – dijo Christian como si eso fuera lo más evidente del mundo.
- - Ah,
vale. – dijo otro de los chicos.
- -¿Y
tiene nombre tu novia? – pregunto la única chica que había allí.
- - Sophia,
me llamo Sophia. Encantada. – dije lo mas falsamente que pude. Estaba claro que
no me apetecía nada estar allí con ellos.
- - Igualmente…
¿un porrito? – me pregunto un chico que parecía el más fumado.
- - No,
ella no fuma. –dijo Christian.
- - Si,
¿por qué no? – respondí solo por llevarle la contraria.
Me pasaron un porro y le di una calada. Fue lo
más asqueroso que había probado en toda mi vida. Pero para no quedar mal me lo
fume entero. Me sentó como una patada en el culo y eso a Christian le pareció
divertido. Hasta a mi me lo pareció, no hacía más que reírme sola. Les miraba y los veía distorsionados y de
color amarillo como a los Simpson. También veía dragones y elefantes rosas
volando. Por un momento me olvide de por qué estaba allí. Tanto que hasta bese a Christian delante de
todos por voluntad propia, bueno en realidad, porque me sentía demasiado
contenta por la fumada que llevaba. Ni siquiera recuerdo si me gusto aquel
beso. Ni ninguno de los que siguieron.
Durante
el año que siguió, Christian me obligaba a besarle cada vez que él quería. Yo
fumaba para no ser consecuente con mis actos. Está claro que mis notas bajaron
muchísimo, perdí la beca y mis padres se cabrearon conmigo.
Mi
físico también cambio, deje de llevar gafas porque Christian me lo pidió.
Adelgace bastante porque casi no comía a consecuencia de los porros. Me pasaba
el día fumada. Cambie mis falditas y mi ropa pija por vaqueros ajustados y
camisetas cómodas.
De
Sebastian no supe nada, pero Christian me dijo que no quería saber nada de mí.
No es que yo quisiera algo con él, pero al menos me hubiera gustado hablar y
dejar las cosas claras.
En
este tiempo Christian dejo de fumar y empezó a componer canciones. La música le
gustaba y además se le daba bien. Tocaba la guitarra y el bajo. No le gustaba
demasiado cantar y ni siquiera sé por qué lo hacia delante de mí, pero las
canciones eran buenas y su voz preciosa. Me jodía reconocerlo, pero me
encantaba oírlo. Quizá fue lo único bueno que salió de ese año.
Cuando
un día que estaba lucida, me di cuenta de que no podía seguir así, pedí ayuda a
mis padres. Me cambiaron de instituto y pase mi último año de bachillerato
lejos de Christian, los porros y lo que me hacía daño. Recupere otra vez las
buenas notas y la beca. Vivir en Hamburgo me sentó bien.


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