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lunes, 27 de enero de 2014

Give me something to believe. Parte III (final)




AÑO 2010:

-          ¡Muy bien Sophia! ¡Samantha! ¡Hemos acabado!  - dijo el fotógrafo – buen trabajo chicas!
-          ¡Gracias! – contestamos al unísono.

Después de quitarnos toda la ropa de la sesión de fotos y ponernos la nuestra, nos fuimos a comer algo. Mientras comíamos Sam, no paraba de mirarme.

-          ¿Te pasa algo? - le dije.
-          ¿A mí? No. – se rio.
-          Ya… ¿y te ríes por…?  
-          ¿No puedo estar feliz? – me miro. – por fin puedo pasar unos días tranquilos con mi novio.
-          Si, vale, recuérdame que estoy sola… - le dije mientras la empujaba cariñosamente.
-          Vamos estas sola por qué quieres, ¡¡anda que no hay tíos buenos en Los Ángeles!!
-          Sí, pero ninguno que realmente merezca la pena…, ¡si no dime por qué acabaste con uno de Minnesota! - reímos las dos.
-          Vale me has pillado. Pero que sepas que tanto Zac, como mi hermano y yo te estamos buscando un novio. – me señalo con el dedo. – Por cierto tiene un amigo alemán muy mono.
-          No pienso volver a Alemania. - dije muy seria.
-          No, pero el si va a venir a Los Ángeles – dijo divertida.
-          ¿Vamos crees que soy incapaz de buscar un novio? – la mirada que me dedico me dejo claro que lo creía. – Genial.

Acabamos de comer y fuimos al piso que compartíamos.
 Pensé en el giro que había dado mi vida al conocer a Sam. Ella era modelo y bailarina (y lo que le echen) y en su agencia necesitaban caras nuevas. Yo era camarera y recién llegada a Los Ángeles. Le caí bien desde el primer momento y se decidió a darme el numero de su agente porque según me dijo: “no tienes futuro con las bandejas”.

Gracias a ella, hoy soy modelo y hago mis pinitos como actriz, no soy una superestrella, pero al menos gano lo suficiente para vivir. Sam no solo se convirtió en mi mentora si no también en mi mejor amiga. Compartíamos piso e historias para no dormir, hasta que encontró a su querido Zac.

El es cantante y cada vez que puede, se viene al piso. Es genial y tiene una voz impresionante, me alegro de que también sea mi amigo. Además de enseñarme a hacer gorgoritos con la voz. Aunque tengo claro que lo de cantar no es lo mío.
Luego esta Shane, el hermano multiusos de Sam. Otro de mis amigos. Es el peque del grupo. Pero a pesar de tener solo 16 años, lo mismo te baila, que te canta, que te suelta una patada de karate. Cosa que intenta enseñarme. Ah! y a bailar en condiciones.

A cambio yo les enseñaba alemán.

Si, decididamente desde que me fui de Hamburgo, mi vida había cambiado muchísimo. Pienso que a mejor. Pero por mucho que lo intente no puedo olvidar a Christian. Que hubiera pasado si no me hubiese ido del concierto? Esa pregunta me rondaba siempre por la cabeza.  Pero en realidad no creo que quiera saber la respuesta.

-          Vamos a ir al cine, ¿te apuntas? – me pregunto Sam asomándose por la puerta de mi habitación.
-          ¡Claro! Después podíamos ir a un karaoke – sugerí
-          ¿Y eso? – me miro inquisidoramente.
-          Bueno en algún sitio tendré que demostrar lo que me han enseñado tu novio y tu hermano ¿no? – me reí.
-          ¡Cierto! – rio también.

Después del cine, nos fuimos al karaoke, donde arrase. Que arrase con los oídos de los presentes digo, reconozco que canto fatal.

A los pocos días me dijeron que el amiguito alemán de Zac, iba a venir.

-          Pues que ilusión – dije irónicamente.
-          Venga tía, ¡anímate que así puedes hablar con alguien en tu idioma!
-          Que feliz eres, ¿no, Shane? – le conteste. – ¿Creéis que no sé que me lo queréis encasquetar de novio?
-          Bueno algo serio y formal no. Que él se volverá a Alemania. – dijo Zac – Pero para un rollete… ¿qué me dices?
-          Que cuando lo vea te lo digo. – ni en sueños.

Por fin llego el tan odiado día. Zac y Shane fueron a buscarlo al aeropuerto mientras Sam y yo preparábamos todo. Encima tenía narices la cosa, tenía que quedarse en nuestro piso y no en el de Zac.

-          ¡No hay fruta! – chillo Sam desde la cocina donde estaba preparando la comida.
-          ¡Ya voy yo a comprarla! – con tal de no quedarme en casa esperando a verlos aparecer iría a donde fuera.
-          No tardes, que están a punto de llegar. – me advirtió.
-          Que si pesada que solo voy a por fruta, no a ligar con el frutero…
-          Más te vale. Que ya sé que el señor Miller está muy bueno, pero tenemos invitados. – dijo irónicamente, ya que el señor Miller tenia 60 años.
-          ¡Que si pesada! – dije saliendo por la puerta.

En realidad el señor Miller sí que me entretuvo, pero no porque estuviera bueno si no porque me pidió que le firmara autógrafos para todos sus sobrinos.  Había comprado un catalogo en el que salía yo para que se lo firmara.

-          ¡Pero si yo no soy famosa! – proteste.
-          Da igual, lo serás y yo quiero tener un autógrafo tuyo antes de que hagas como todas esas chicas y te vuelvas estúpida.
-          ¡Vaya! Que ánimos me da señor Miller… - dije riéndome.
-          Vamos, vamos menos hablar y más firmar que tengo que cerrar la tienda. – ¡Jo, y encima con exigencias!

Me sonó el móvil. Sam. Lo cogí.

-          ¿Se puede saber donde estas? – me dijo bastante cabreada.
-          Antes de que me eches la bronca, la culpa es del señor Miller que me está entreteniendo y no me deja irme.
-          No mientas y deja de inventarte excusas, ¡mueve tu culo alemán hasta aquí ahora!
-          Si no me crees habla con el – dije pasándole mi móvil al frutero.
-          ¿Hola? – dijo el hombre. – ¡Sam! Tu también tienes que venir a firmarme autógrafos… si… adiós. – me devolvió el móvil. – hala vete ya que te esperan.
-          Adiós señor Miller – dije despidiéndome de él.
-          Adiós Sophia.

Llegue a casa con la lengua fuera. Sam estaba en la puerta esperándome. Me cogió las bolsas de la compra mientras yo me apoyaba en la pared e intentaba respirar con normalidad. Me trajo un vaso de agua que bebí con avidez. Me arregle un poco el pelo y entre en casa. Antes de pasar al salón, Sam me llevo a la cocina y me dijo:

-          Tía, es monísimo. Alto, moreno, ojos claros, tatuajes… pero mejor que lo veas por ti misma. Vamos – tiro de mí hasta el salón, entrando ella primero. - Ya está aquí.

Estaba de espaldas así que no podía verle la cara. Tenía una melena medio rizada que le llegaba a la altura de los hombros. En el brazo izquierdo tenía dos tatuajes pero no llegaba a distinguir que era.

Bebí otro trago de agua y cuando se dio la vuelta, el vaso se me cayó de las manos.

-          Christian… - susurre.
-          ¿Sophia estas bien? – me pregunto corriendo hacia mí.
-          Si – dije
-          ¿Os conocéis? – pregunto Zac – porque juraría que yo no os he dicho como se llama el otro.
-          Sí, nos conocemos. –contesto Christian, yo me limite a asentir.

Había cambiado bastante… el pelo que ahora llevaba larguísimo, la perilla que adornaba su mandíbula, el tatuaje de su cuello y su brazo… pero sin embargo seguía teniendo esa mirada y esa sonrisa que desarmaba a cualquiera. Seguía estando guapísimo.

-          Vaya si que es coincidencia ¿no? – dijo Sam
-          Si, lo es. – conteste.

Después de la comida, nos fuimos a dar una vuelta por Los Ángeles. La idea era para que Christian conociera la ciudad, pero la realidad era otra. Habían decidido salir para que Linke y yo habláramos.

Íbamos caminando por una calle cuando Christian se quedo quieto mirando algo en la parada de un autobús.

-          ¿Pasa algo? – le pregunte. Él me señalo una valla publicitaria. – ¡Ah! Eso… - dije quitándole importancia. – Soy modelo y actriz. – dije encogiéndome de hombros.
-          Vaya, si que has cambiado desde el instituto… - me miro mordiéndose el labio. – creo que tenemos que hablar muy seriamente.
-          Sí, pero no aquí. – le agarre de la mano y sin avisar a los demás, tire de él hacia la playa.

Nos sentamos en la arena. Mirábamos hacia el mar que se abría infinito ante nuestros ojos. Por el rabillo del ojo pude ver como observaba el agua con fascinación.

-          Ya te dije una vez que lo sentía, y lo mantengo. Y también te dije que me gustabas… - empezó a decir.
-          ¿Eso también lo mantienes? – me reí.
-          No, ahora sé que te quiero. – me miro – No he podido olvidarte desde que te conocí, pero estos últimos tres años han sido los peores de mi vida.
-          Creí que habíais tenido éxito con el grupo…
-          Si en lo profesional todo me iba bien, pero en lo personal… te echaba de menos cada día desde aquel día en Hamburgo. Las canciones que compuse iban dedicadas a ti. Y todas eran tristes y de desamor, porque así me siento yo cuando no estás cerca de mí.
-          Un discurso muy bonito, Christian. Pero no voy a volver a caer. Tú volverás a Alemania y yo seguiré aquí…
-          No voy a volver – me corto.
-          Pero ¿y el grupo? – pregunte.
-          Lo he dejado, bueno en realidad todos lo hemos dejado excepto David y Timo. ¿Te acuerdas de ellos? – asentí. – Era su sueño.
-          Creí que era el tuyo también – le dije.
-          Yo tenía dos, cantar mis propias canciones y encontrar a mi chica ideal.  Puestos a elegir, prefiero conseguir el real. Encontrar a la chica, la he encontrado, conseguirla me llevara tiempo, pero no desistiré. Tengo paciencia. - Me miro – a no ser que la chica me diga que no quiere saber nada de mí y me convenza de que es lo que realmente quiere. Entonces me iré por donde he venido y no volverá a saber nada de mí.
-          Dame algo en lo que creer. Algo que me haga ver que realmente me quieres. – le dije.
-          He cambiado en estos seis últimos años. Y he cambiado por ti. Sé que ahora soy mejor persona. Y te quiero Sophia, durante toda mi vida lo he hecho, pero con mayor fuerza estos últimos seis años.

Nos miramos, el en busca de una respuesta, yo intentando ver dónde estaba la trampa. Pero sus ojos decían que esta vez no mentía. Acercándome a Christian, le bese. Me separo de sus labios y me miro.

-          ¿Qué haces? – le pregunte.
-          Asegurarme de que no es un espejismo.
-          Pues no lo soy, así que bésame antes de que cambie de opinión.


Y allí ante el atardecer de Los Ángeles, decidí creer en algo. Decidí creer en él.

viernes, 24 de enero de 2014

Give me something to believe. Parte II.


AÑO 2007:

Estoy en mi segundo año en la Facultad de Periodismo.  Como pasa el tiempo…
Aun sigo perdida en mis pensamientos, supongo que aun arrastro secuelas de mi época de porrera. No puedo evitar pensar en que será de la gente de Neumünster, de Sebastian o incluso de Christian. Sé que no me hace ningún bien, pero forma parte de mi vida. Y eso es algo que no puedo borrar.

Sé que uno de mis profesores estaba dando clase, pero yo no le hacia el más mínimo caso. Debía de estar muy perdida en mis divagaciones sin sentido porque tuvo que gritar para que le prestara atención.

-          ¡Señorita Kranich! – pegue un respingo en mi silla. – La espero al final de la clase.
-          ¡Sí, señor Gerhkam! – dije. Menuda la que me iba a caer. Es uno de los profesores más severos. –  ¿Y tú no podías avisarme? – le dije a mi compañera.
-          ¿Qué coños te crees que llevo haciendo durante 10 minutos? – la mire. Estaba enfadada.

¡Joder! ¿Tan autista me he vuelto? Si, supongo que sí.  Otra secuela.

Acabo la clase y espere paciente a que mis compañeros salieran del aula. Me levante con parsimonia y me acerque a la mesa del profesor. Respire hondo esperando la bronca del siglo.

-          ¿Te pasa algo? Últimamente te veo algo pensativa. – me dijo en tono paternal.
-          No, no es nada. Supongo que es estrés por los exámenes que se acercan. – me encogí de hombros. Christian me había enseñado a mentir. ¿Se puede saber porque pienso últimamente en él?
-          Espero que solo sea eso… - dijo riéndose.
-          Seguro. – afirme.
-          Está bien pero no te vas a librar de tu castigo. – asentí esperando. - Esta tarde unos chicos dan un concierto para presentar su primer disco. Quiero que vayas allí y te hagas pasar por una fan más. Quiero que cuentes lo que se siente al ver un concierto desde el punto de vista de una fan. No quiero que sea mecánico, quiero que tenga sentimiento. Que escribas lo que te salga del corazón. No te preocupes solo lo voy a leer yo. No vas a exponerlo ante la clase. 
-          De acuerdo. ¿Cómo se llama el grupo? – pregunte.
-          Nevada Tan. – me respondió.

Así que horas después de esa conversación, me encuentro esperando a que abran las puertas junto con bastantes fans. Y lo mejor de todo es que no tengo ni idea de ninguna de sus canciones, de hecho no sé ni qué tipo de música tocan. Claro, que como tampoco he visto fotos de ellos, no sé ni como son. ¿Cómo puedo escribir con el corazón sobre algo que nunca he oído? Otra cosa es que me lo dejara hacer sobre mi grupo favorito. Pero bueno, esto se ha convertido en un reto.

Infiltrada entre las verdaderas fans, me fui enterando de que los chicos son de Hamburgo (aunque cuatro vienen de mi ciudad, de Neumünster y otro de Heidelberg), cantan en alemán y hacen un tipo de música que ellos denominan crossover (pero que luego cuando escuche una canción, me sonaron similares a Linkin Park).

No sonaban mal la verdad. Al final iba a disfrutar del concierto. Saque mi cámara y nos pusimos a hacernos fotos mientras esperábamos a que abrieran las puertas. Una vez dentro me coloque en primera fila pero hacia la izquierda del escenario. Como no había muchas chicas estábamos hablando y riendo escandalosamente. Las chicas empezaron a cantar sus canciones. Yo tomaba nota mentalmente de todo lo que veía y oía.

De repente apareció un armario empotrado de 6x6, lo que vulgarmente se llama uno de seguridad.

-           Eh, tú. – dijo señalando hacia donde estaba yo. Todas nos miramos  y nos señalamos. El segurata parecía incomodo – La de la camiseta azul, acércate.
-           No estábamos haciendo nada – dije mientras me acercaba, ya que la de dicha camiseta era yo.
-          Pues parece ser que para alguien si – dijo mientras me cogía como si fuera un saco de patatas y me metía hacia la zona de backstage.
-          ¡Suéltame! – gritaba mientras le daba puñetazos en la espalda (como si eso le fuera a doler…)

Al darme cuenta de que era inútil, me quede quieta. Llego a una puerta y la  abrió. Entro conmigo todavía en los brazos. Me dejo en el suelo y se marcho de allí dejándome dentro. En cuanto cerró la puerta salí corriendo detrás de él intentando abrirla.

Un ligero movimiento se produjo a mis espaldas. Lentamente me gire y vi cinco pares de ojos mirándome curiosos. Trague saliva. A ver como les explicaba yo a estos que yo no quería estar allí. Que me habían obligado.

-          Hola – me dijo un chico que parecía rapero.
-          Hola – conteste.
-          ¿Que haces aquí? – me pregunto.
-          Pues eso quisiera saber yo. – bufe – Pregúntale al gorila ese de la puerta. Me secuestro y me trajo aquí.
-          Alguna razón tendrá para haberlo hecho, ¿no? – sonó una voz a mis espaldas.
Me di la vuelta, lentamente. Vi a un chico moreno de ojos verdes, el flequillo le caía sobre uno de los ojos. Al verlo me quede sin palabras. Había cambiado físicamente, pero aun conservaba esa sonrisilla que me recordaba tanto a su hermano. Y para que lo voy a negar, estaba muchísimo más guapo de cómo lo recordaba.

Al final había logrado hacerse un hueco en el mundo de la música. Y tenía fans. Aun así había querido que yo fuera la que estuviera allí. Supongo que también sentía curiosidad por saber cómo estaba yo.

-          ¿Se lo has pedido tú? – pregunte.
-          ¿Quién si no? – se rio.
-          ¿Por qué?
-          ¿Tiene que haber una razón? – dio un par de pasos hacia mí.
-          Tú siempre haces algo por alguna razón, Christian.
-          Eso era antes. – suspiro.
-          Ya… pues perdona si no me lo creo. – me reí.
-          Tenía curiosidad por saber si habías cambiado – dijo al fin – y veo que sí.
-          Tú me hiciste cambiar, ¿recuerdas? – los demás nos miraban sin entender nada. – Me obligabas a hacer cosas que no quería, perdí la beca, empecé a fumar porros y hasta tuve que cambiarme de ciudad por ti. Espero que estés orgulloso.
-          No lo de los porros no fui yo. Empezaste tu solita. – dijo acercándose más a mí. – Si no recuerdo mal, yo les dije que no fumabas.
-          ¡Oh, perdona! – me reí a carcajadas –Pero si en realidad no quisieras que fumase, en cuanto le di la primera calada me hubieras quitado el porro. No lo hiciste, servía mejor a tus propósitos fumada, ¿verdad? Así que no me vengas con aires de niño bueno, porque no lo eres.
-          He cambiado. ¡Tú me cambiaste! – me grito – Deje de fumar, empecé a escribir buenas canciones, cambie de amigos y ahora estoy en un grupo.
-          Sí, me acuerdo de las canciones. – suspire – Quizá lo único bueno que salió de ese maldito año.

Nos quedamos los dos en silencio. Uno frente al otro. Supongo que nos dijimos todo lo que nos teníamos que decir.

-          Quizá,  si ya habéis acabado de discutir, ¿podías presentarnos a tu amiga no, Linke? – dijo el rapero.
-          Sí, claro. – respondió. - Sophia, estos son: Timo (señalo al rapero), Franky (un chico castaño de ojos azules), Juri (un chico rubio bastante callado), David (un moreno con un gorro y gafas de aviador) y Jan (un chico con una máscara que solo dejaba ver unos ojos azules).
-          Hola, siento el numerito – dije señalándonos a Christian y a mí.
-          No pasa nada, ¡si hasta ha sido divertido! – exclamo Timo – ¿verdad chicos? – los demás no dijeron nada.

Suspire. Los chicos parecían majos, pero a Christian y a mí no nos sentaba demasiado bien estar juntos. Así que pedí a los chicos que me dejaran ir al baño. En realidad se lo pedí porque me tenían la puerta cerrada con llave, no porque necesitara pedir permiso.

Una vez en el baño, me derrumbe y me dio por llorar. Pensé que había superado todo lo que me paso, pero al ver a Christian otra vez, había recordado todo. Me lave la cara intentando ocultar que había llorado. Fui en busca de papel higiénico para secarme la cara y las manos. Cuando me di la vuelta, Christian estaba apoyado en los lavabos. Rápidamente me vino a la memoria la imagen de Sebastian en la misma posición que ahora estaba su hermano.

-          Siento todo lo que he dicho ahí dentro – dije – no tenía derecho a contar tu vida delante de ellos.
-          Tranquila, no has dicho casi nada que ellos no supieran. – se rio. Pues si que ha cambiado… El Christian de antes se hubiera puesto hecho una furia, no le hubiera dado por reír.
-          ¿Puedo hacerte una pregunta? – inquirí. El asintió – ¿Que paso realmente con Sebastian?
-          Lo utilice para llegar hasta ti. – abrí los ojos como platos – Déjame acabar antes de que digas nada. – cerré la boca -  Me gustabas desde que te conocí, pero tú no me hacías ni caso. Hiciera lo que hiciera pasabas de mí. Empecé a  meterme contigo porque fue de la única manera que llame tu atención. Pero llego un momento en el que pasabas de lo que te hiciera. Se me ocurrió que mi hermano podía ayudarme. No lo conocías así que no podías relacionarlo conmigo. Pero supongo que el juego acabó por volverse contra mí porque mi hermano solo tenía que acosarte, no acabar enamorándose de la misma chica que yo. En la biblioteca solo tenía que besarte y entrar yo y pillaros. Sacar una foto y se acabo. Luego vendría el chantaje. Pero Seb es así de imprevisible y llego más allá. Logro que tú cayeras en su juego y cuando le llame para ver cómo iba la cosa, me colgó. Cuando volví a llamar un rato después, fue a colgarme, pero con los nervios le dio a aceptar la llamada. Con lo cual yo lo oí todo y sabiendo que eso era incluso mejor que la foto lo grabe todo en mi móvil. Así que lo de después vino rodado.
-          ¿Porque tu hermano? Podías haber utilizado a cualquiera – pregunte.
-          No lo sé. – me miro. – Quizá me pase. Pero no me arrepiento del tiempo que pase contigo. Aunque si de las formas que lo hice. Siento que pasaras por todo lo que pasaste por mi culpa. Supongo que estaba tan contento por estar contigo que no me di cuenta de que te ibas consumiendo por dentro.
-          ¿No crees que ya es tarde para pedir perdón? – le dije.
-          Nunca es tarde Sophia –me dijo.
-          Para ti si lo es – le conteste.
-          No, no lo es. – me agarro del brazo – se como me miras, te gusto aunque no quieras reconocerlo.
-          Eres guapo y con ese cambio de look estas mucho mejor. – concedí -  pero no te hagas ilusiones porque te diga que estas bueno…
-          Tu también estas mucho más guapa, más delgada y hasta me atrevería  a decir que has crecido algunos centímetros. – seguía agarrándome del brazo y me acerco mas a él. – Llevas el pelo más largo y me gusta tu perfume – dijo mientras posaba sus labios en mi cuello.

Al instante un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Quería escapar, pero no podía y no porque Christian me tuviera agarrada de la nuca y el cuello, si no porque no estaba segura de querer hacerlo. Mientras yo dudaba entre irme o quedarme, Christian besaba mi cuello, fue subiendo hasta el lóbulo de la oreja y después fue bajando por mi mandíbula, hasta que llego a la comisura de mis labios. Me miro a los ojos y sin cerrarlos me beso con pasión. Quise saber que sabor tenían sus besos sin estar fumada, así que me deje llevar. Acabamos en uno de los cubículos del baño. Curiosamente como con su hermano tres años atrás. La vida me había condenado a vivir repitiendo mis actos.

Cuando salí un rato después de los baños, me acerque a despedirme de los demás miembros del grupo y me fui hasta donde debería haber estado toda la tarde, con las fans. Al menos me habían guardado el sitio. Me hicieron muchas preguntas pero yo las contestaba con mentiras. No les iba a contar que Christian y yo éramos viejos amigos y que me lo acababa de tirar en los baños.

Me fui de allí antes de que acabara el concierto. No quería que le diera tiempo a Christian de venir a por mí. Además yo me había arrepentido de lo que acababa de hacer en los baños tan solo una hora antes y si lo volvía a ver quizá volviera a caer.


Al día siguiente deje el trabajo sobre la mesa del profesor. Quizá mi mejor trabajo. Y también el ultimo, porque deje la universidad y me fui lejos de Hamburgo, para siempre.

miércoles, 22 de enero de 2014

Give me something to believe. Parte I




AÑO 2004:

-        -  ¿Pero es que no piensas dejar de perseguirme!? – exclame al ver al chico rubio entre dos de las estanterías de la biblioteca.
-         - ¿Sinceramente? – yo asentí y el pareció quedarse pensativo – No – dijo finalmente con una sonrisilla de medio lado.
-          -¡Qué cruz! ¿Pero es que no hay chicas de tu edad o qué? – me estaba cansando de que me persiguiera por todas partes.
-         - Si hay, pero no son ni la mitad de interesantes que tu. – me respondió mientras se acercaba mas a mí.

Instintivamente, yo retrocedía con cada paso que él avanzaba. Una de las bibliotecarias apareció muy oportunamente para colocar unos cuantos libros en las estanterías del pasillo en el que estábamos. Eso pareció frenarle un poco, ya que la bibliotecaria le miro algo mal. No en vano estaba apoyado en la estantería con una pose algo chulesca. Aproveche la situación para escapar de allí. Me fui cargada con los libros hasta la mesa donde estaban mis cosas y me dispuse a buscar información para hacer el trabajo.

Un rato después termine con el trabajo, me levante de la mesa y deje los libros en la estantería. Fui al baño, ya que me pillaba de paso, antes de irme. Entre en uno de los cubículos y segundos después oí como entraba otra persona en el baño. Cuando abrí la puerta, lo vi.

Estaba de pie apoyado en los lavabos. Me miraba fijamente.

-          - ¡Tío, lo tuyo es de psiquiátrico! – le dije mientras me dirigía a la puerta de salida.

Me intercepto antes de que llegara. Le mire con paciencia, aunque se me estaba agotando por momentos. El parecía divertido, pero a mí no me hacia ni pizca de gracia.  Nos miramos por un momento, observándonos. La verdad es que para tener 14 años no estaba nada mal. Era alto, rubio, ojos verdes, una carita muy mona y una sonrisa que derretía a cualquiera. Que se hubiera fijado en mi, en vez de en cualquier chica de su edad… decía de él dos cosas: o era demasiado maduro como para estar con crías de su edad o estaba tan salido que necesitaba probar cosas  nuevas, como por ejemplo estar con chicas mayores que el.

Mientras intentaba adivinar sus intenciones, se acerco a mí y me beso. Me pillo por sorpresa, pero besaba tan bien que le seguí el juego. Me metió en el cubículo del que había salido y allí las cosas fueron subiendo de temperatura. Tanto que casi ni nos da tiempo a sacar un preservativo. Al menos iba bien preparado. Mientras le ponía el preservativo, le llamaron. Colgó y seguimos a lo nuestro.

Después de eso no le vi el pelo en dos semanas.

Iba mal con el inglés así que mis padres me mandaron a clases particulares, pero como no andábamos muy bien de dinero, contrataron a una chica mayor que yo. El primer día estuvo en mi casa, pero los demás días fuimos a la suya ya que quedaba más cerca del instituto.

-         - ¡Hey, hola! – me dijo cuando abrió la puerta. – Siento decirte que no estaremos solas, mis hermanos andarán por aquí. Hoy no tienen entrenamiento de balonmano pero ninguno quiere salir a dar una vuelta, así que espero que no molesten. – suspiro.
-         - Bueno, no pasa nada – reí.

Nos fuimos a su habitación, como siempre. Estábamos enfrascadas en lo nuestro cuando de repente se abrió la puerta y aparecieron dos chicos altos y delgados muertos de risa.

-         - ¡Chicos! ¿No podéis ir a molestar a otro lado? – pregunto su hermana.
-         - Déjame que lo piense… - exclamo uno de los chicos – ¡No! – y los dos empezaron a reírse otra vez.

Al oír aquella voz me quede blanca. Era su voz. ¿Dos semanas sin verle y me lo tengo que encontrar en su casa? ¡Vaya suerte la mía!

-         - Bueno, ¿y no nos vas a presentar a tu amiguita? – dijo el otro chico.

¡Mierda!  Esa otra voz… me di la vuelta poco a poco y los vi a los dos.  Juntos se parecían bastante la verdad, pero por separado, eran bastante diferentes. ¡Genial! ¡Mi peor pesadilla era hermano de mi profesora y mi acosador! ¡Qué pequeño es el mundo!

-         . ¡Sophia! -  exclamaron los dos.
-          -¿Conoces a mis hermanos? – me pregunto la chica.
-         - Claro, yo voy a clase con ella… - dijo el mayor de los dos. – pero no sé de qué conoce al enano… - nos miro a los dos intermitentemente como intentando adivinar algo.

Yo estaba roja y su hermano no sabía a dónde mirar. De repente abrió los ojos como platos. Agarro al pequeño y se lo llevo a rastras cerrando la puerta de la habitación tras ellos. Nosotras volvimos a lo nuestro y no nos volvieron a molestar.

Al día siguiente, me levante sin ganas de ir a clase. No sé por qué la reacción de mi compañero no me gusto ni un pelo. A saberse que me haría esta vez. Nunca nos hemos llevado bien. Bueno espero que su hermano no le haya contado nada. Si no ¡estoy muerta!

Entre en clase y lo primero que hice fue sentarme en mi sitio sin mirar a nadie. Quería que las horas se me pasaran rápido. Aunque solo había tres horas hasta el recreo, se me hicieron eternas y eso que me había librado de mi compañero.

En el patio, me senté en las gradas. Vi un poco más abajo a un grupito de chicos fumando. Elegían ese sitio porque desde allí los profesores no les veían, tenían delante a chicos jugando al baloncesto o al fútbol, dependiendo del día.

Saque uno de mis libros y empecé a leer. Estaba tan enfrascada en la lectura que no me di cuenta de que alguien se me había sentado al lado.

-         - Vaya, vaya… ¡pero mira a quien tenemos aquí! ¡Si es mi cuñada favorita! – ¡Mierda! ¡Lo sabe! Eres un  puto bocazas… cuando te pille…
-         - ¿Qué coño quieres Christian? – le dije con toda la sangre fría que pude. – ¿Has fumado? – le pregunte cuando un olor a porro me llego a la nariz.
-        -  ¡Estoy fumando! – se rió.
-         - ¡Apártate de mi! No quiero que me vean con alguien que fuma porros.
-         - Oh, no quiere que la vean con alguien que fuma porros, pero no le importa tirarse a un crió de 14 años… - dijo levantando la voz.
-         - ¿Quieres callarte y dejar de fumar? No sabes las gilipolleces que sueltas cuando estas fumado… vas a acabar idiota perdido. – me reí – ¡Ah, no! ¡Que ya lo eres!.
-         - Si, intenta hacerme quedar mal – se rio él – pero se la verdad.
-          -Es tu palabra contra la mía – le dije segura de mí misma.
-         - Yo diría que no – saco su móvil, busco algo y me lo paso para que lo oyera. – El idiota de mi hermano en vez de colgar, le dio a descolgar. – me miro con una sonrisa maléfica.
-         - ¿Que es lo que esperas conseguir con eso? – le dije nerviosa.
-         - Bueno, ya veré que se me ocurre. Pero hasta entonces… no te cabrees conmigo. – dijo mientras me daba un beso en la mejilla.
-         - ¡¡Gilipollas!! – le grite mientras se alejaba.

Dos días después, Christian se volvió a acercar a mí en el recreo. Durante estos dos días no había logrado dormir esperando ver que es lo que tendrá que hacer para que no se enterara todo el instituto. Tampoco había visto a Sebastian, así que no había tenido oportunidad de hablar con él.

-         - ¿Sabes? Ya sé que es lo que quiero… - me dijo mirándome. – Dejar de fumar. Tienes razón no hago más que decir tonterías. Deberías ver las cosas que escribo… - se empezó a reír solo.
-          -¿Y que tengo que ver yo con eso? – levante una ceja.
-          -Oh, todo, Sophia, todo. – le mire sin entender – Veras, voy a necesitar tener la boca ocupada cuando me entre el mono…
-         - ¿Vas a discutir conmigo? ¿Más todavía? – el se rio.
-         - No has entendido nada… vas a fingir ser mi novia.
-         - ¿Qué? ¡Tú estás loco si piensas que voy a hacer eso! – grite.
-         - Bueno es eso… o  que todo el instituto se entere de que te tiraste a mi hermano… Sopésalo y ya me dirás. – se levanto y se fue con sus amiguitos.

Yo me quede quieta pensando si sería mejor hacerle caso o aguantar las risas y comentarios de los demás chicos del instituto. Está claro que eso le daría mucha fama y popularidad a Sebastian, pero a mí me hundiría aun más. No es que yo fuera la más friki del insti, pero sí de las más empollonas. No porque me gustara estudiar, sino por la beca. Viendo lo que me esperaba, tome mi decisión segura de que me iba a arrepentir toda mi vida.

-         - ¡Christian! – le grite, él se dio la vuelta sonriendo. -  ¡Tú ganas! – se acerco otra vez a mí.
-         - Sabía que ibas a escoger la mejor opción. -  se rio – Bueno entonces a partir de ahora tendrás que estar conmigo.  ¿Qué tal si empezamos ahora? – me agarro de la mano y me arrastro con él hacia sus amigos.

Cuando llegamos allí y nos sentamos todos nos miraron con caras raras. Normal, no pegábamos ni con cola. El era alto, rubio, de ojos verdes, guapo (lo tengo que reconocer, el cabrón es guapo) y con la misma sonrisa que tiene su hermano. Eso sí mucho mas macarra que Sebastian. Yo por el contrario, soy castaña, con los ojos verdes, llevo gafas, estoy algo rellenita, no soy excesivamente alta y soy una empollona. Vamos es lo más normal del mundo ver a un porrero con una empollona.

-          -¿Que está haciendo esta aquí? – pregunto uno de los chicos.
-         - Es mi novia – dijo Christian como si eso fuera lo más evidente del mundo.
-         - Ah, vale. – dijo otro de los chicos.
-          -¿Y tiene nombre tu novia? – pregunto la única chica que había allí.
-         - Sophia, me llamo Sophia. Encantada. – dije lo mas falsamente que pude. Estaba claro que no me apetecía nada estar allí con ellos.
-        -  Igualmente… ¿un porrito? – me pregunto un chico que parecía el más fumado.
-         - No, ella no fuma. –dijo Christian.
-         - Si, ¿por qué no? – respondí solo por llevarle la contraria.

 Me pasaron un porro y le di una calada. Fue lo más asqueroso que había probado en toda mi vida. Pero para no quedar mal me lo fume entero. Me sentó como una patada en el culo y eso a Christian le pareció divertido. Hasta a mi me lo pareció, no hacía más que reírme sola.  Les miraba y los veía distorsionados y de color amarillo como a los Simpson. También veía dragones y elefantes rosas volando. Por un momento me olvide de por qué estaba allí.  Tanto que hasta bese a Christian delante de todos por voluntad propia, bueno en realidad, porque me sentía demasiado contenta por la fumada que llevaba. Ni siquiera recuerdo si me gusto aquel beso. Ni ninguno de los que siguieron.

Durante el año que siguió, Christian me obligaba a besarle cada vez que él quería. Yo fumaba para no ser consecuente con mis actos. Está claro que mis notas bajaron muchísimo, perdí la beca y mis padres se cabrearon conmigo.

Mi físico también cambio, deje de llevar gafas porque Christian me lo pidió. Adelgace bastante porque casi no comía a consecuencia de los porros. Me pasaba el día fumada. Cambie mis falditas y mi ropa pija por vaqueros ajustados y camisetas cómodas.

De Sebastian no supe nada, pero Christian me dijo que no quería saber nada de mí. No es que yo quisiera algo con él, pero al menos me hubiera gustado hablar y dejar las cosas claras.

En este tiempo Christian dejo de fumar y empezó a componer canciones. La música le gustaba y además se le daba bien. Tocaba la guitarra y el bajo. No le gustaba demasiado cantar y ni siquiera sé por qué lo hacia delante de mí, pero las canciones eran buenas y su voz preciosa. Me jodía reconocerlo, pero me encantaba oírlo. Quizá fue lo único bueno que salió de ese año.

Cuando un día que estaba lucida, me di cuenta de que no podía seguir así, pedí ayuda a mis padres. Me cambiaron de instituto y pase mi último año de bachillerato lejos de Christian, los porros y lo que me hacía daño. Recupere otra vez las buenas notas y la beca. Vivir en Hamburgo me sentó bien.


Øðïnê

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