Noté unos labios sobre los míos, moviéndose con suavidad en besos
cortos y precisos. No me hizo falta estar completamente despierta ni encender la luz de la mesilla para saber a
quién pertenecían. Eran divertidos y juguetones como todo él. A pesar de ser un
poco alocado durante el día, durante las noches que compartíamos cama, juegos,
besos y abrazos, era completamente distinto. Chanyeol era atento y se
preocupaba por hacer que yo me sintiera bien, realmente bien. Sabía cómo hacerlo
y lo ponía en práctica casi cada noche.
Casi al mismo tiempo que los labios de Chanyeol atrapaban los míos,
los largos dedos de unas manos enormes (en comparación con las mías) comenzaban
a recorrer las partes de mi piel que no estaban ocultas bajo la ropa que usaba
como pijama ya que las sabanas hacía tiempo que habían dejado de cubrirme. Sus
dedos eran grandes expertos en materia de mi cuerpo. Sabían dónde tocar y cómo
tocar. Sabían volverme loca. Sí, Kris me volvía loca.
Abrí mis ojos por fin y allí gracias a la luz de la luna que se
filtraba a través de la ventana, descubrí la cara de Chanyeol sobre la mía ya
que me estaba besando y cuando éste se retiró, sus labios fueron sustituidos
por los de Kris. El cambio fue radical, Kris era completamente opuesto a
Chanyeol, sus besos también. Eran pasionales y expertos no juguetones y
aventureros.
Me incorpore en la cama cuando ambos chicos habían cumplido su
especial manera de despertarme, sin sonidos, sin zarandeos, de manera suave o
pasional, dependiendo que quien fuese el primero en llegar a mis labios. Les
sonreí, sé que podían verme de la misma manera que yo les veía a ellos. Con un
gesto de mi mano hice que ambos se acercaran más a mí. Necesitaba tocarles
saber que realmente estaban ahí, aunque sus besos ya me lo habían dejado
bastante claro.
No hicieron falta más gestos. Los tres nos entendíamos con solo
mirarnos. Comenzamos nuestro propio ritual de besos, caricias, mordiscos y
succiones y pronto cada pieza de ropa fue sobrando y acabando en el suelo como
otras tantas noches. Nuestros cuerpos ardían con cada roce, cada simple juego
que teníamos. Pero no todas las caricias estaban dedicadas a mí, no. Kris
acariciaba a Chanyeol con un mimo y una dedicación que el menor le devolvía con
verdadera devoción. Pero yo no me sentía excluida ya que ambos me trataban como
si fuese su más preciado tesoro. Ambos se volcaban en darme el placer que, en
mi opinión, merecía. Sí, soy egoísta.
Chanyeol se colocó sobre el colchón arrastrándome con él para acabar a
horcajadas sobre su cadera y rápidamente sentí a Kris colocarse detrás de mi
espalda. No hizo falta decir nada, los tres sabíamos qué debíamos hacer.
Nuestros cuerpos se acoplaban perfectamente los unos a los otros. Quizá la
genética. Quizá por la práctica. Acabé perdida entre jadeos y gemidos
arrancados de lo más profundo de mi alma al sentirlos a ambos dentro de mí,
pero acallados por la boca de Chanyeol, quien no dejaba de besarme a menos que
Kris, siempre el dominante Kris, exigiera besos del mediano de los tres. Kris
por su parte escondía los sonidos que se le escapaban en mi piel, especialmente
en mi nuca y el hueco de mi cuello, esas partes de mí le encantaban y procuraba
no dejar marcas para no meterme en líos.
Tras terminar rendidos, nos dejamos caer sobre el colchón, yo situada
entre ambos, entre una marabunta de brazos y piernas. Sí, nos encanta
abrazarnos entre todos en una especie de abrazo colectivo. Pero todo lo bueno
dura poco y una vez que todos recuperamos el aliento, ellos se encargan de
eliminar las pruebas de lo que allí ocurre. Tras despedirse de mí con nuevos
besos, salen hacia su habitación. Nos encantaría dormir juntos aunque tan solo
sea un día, pero si nos pillan estamos muertos.
Tan sólo puedo esperar que llegue la madrugada para tenerlos de nuevo
en mi cama. Es en esos momentos cuando dejamos de ser parte de EXO para ser simplemente
Kris, Chanyeol y yo. Tres personas que se aman. Aunque seamos una pareja poco
convencional, puesto que somos un trío.


