Recorría las calles sin prestar atención a mi alrededor. Nada me
interesaba, todo era un vacío enorme en mi interior, me faltaba lo más
importante en mi vida y no, no era mi corazón, porque eso hacía tiempo que no
me pertenecía. Era suyo desde la primera vez que nuestras miradas se cruzaron
hacia ya años. No sé qué es lo que me había conquistado de él, pero desde aquel
momento supe que si él no formaba parte de mi vida me quedaría sin esperanzas,
sin ilusiones, sin ideales, sin nada por lo que mereciera la pena luchar. Me
quedaría vacío e inservible como un casquillo de cualquier arma después de ser disparado o como un globo después de perder todo el aire, quedando fofo y sin
forma.
Ahora mismo era como me sentía recorriendo las calles atestadas de
gente de Seúl, recordando cada lugar donde nos habíamos besado o cogido de la
mano o donde, simplemente, habíamos fingido ser compañeros de grupo ante los
ojos de los demás. Lo amaba más que a mi propia vida y ahora él se había ido.
El sonido de mi móvil me devolvió a la realidad aunque ni me moleste en
cogerlo. Mire a mi alrededor y me di
cuenta de que estaba en el parque donde nos habíamos besado por primera vez.
Camine en silencio hacia la parte donde el río atravesaba el parque. Mi lugar
preferido era un trozo de hierba entre dos árboles justo al lado de un pequeño
puente de madera semiderruido por el paso de los años y al que ni se habían
molestado en reconstruir. Era un sitio muy tranquilo al que solía ir a tocar la
guitarra cuando estaba triste, tenía algún problema o cuando estaba confuso.
Era un lugar que me relajaba y me aclaraba la mente, ponía mis ideas en orden y
me inspiraba. Había escrito muchas canciones allí. Nunca le había hablado a
nadie de ese lugar y sin embargo el había aparecido un día allí como por arte
de magia.
Me senté donde siempre lo hacía, apoyándome contra el tronco de un
viejo sauce. Cerré mis ojos y los recuerdos de ese día me llegaron claros como
si ese día fuera hoy.
-
Toc, toc – dijo una voz demasiado conocida para mí -
¿Puedo pasar? – levante la mirada de mi guitarra y allí estaba él, sonriente.
-
¡Claro! Es un parque, no tienes que pedirme permiso –
conteste mirándole un segundo antes de apartar la mirada lejos de el.
-
Es que no quería molestar se te veía tan concentrado… -
se rió.
-
¡No seas bobo! – evitaba mirarle para que no notara que
me ponía nervioso cuando lo tenía cerca - ¿Cómo me has encontrado? – pregunte
curioso - ¿Qué haces aquí?
-
Te he seguido – se encogió de hombros.
-
¿Por qué?
-
Curiosidad.
-
¿Curiosidad? ¿De qué?
-
De saber porque estas tan raro conmigo – dijo sin apartar
la sonrisa de sus labios.
Así que se había dado cuenta de que algo me pasaba con él. Me quede
meditando la respuesta. ¿Qué debía decirle? ¿Qué todo estaba bien y que no me
pasaba nada, que todo eran imaginaciones suyas? Seguramente no se lo creería,
no era tonto. ¿Debía ser valiente de una vez por todas y confesarle mis
sentimientos? Si optaba por decírselo tendría dos posibles respuestas, que no
me correspondiera (lo cual traería problemas al grupo) o que si lo hiciera (lo
cual no era posible, porque jamás se fijaría en mi). Ni siquiera sé porque me
escogieron como líder si soy el que más
pasa desapercibido de los cinco. ¡Hasta el más pequeño del grupo es mucho más
interesante que yo!
Recordé las palabras de mi madre: “yo no he criado cobardes” y decidí
confesarme, ser valiente por una vez en mi vida y aunque me rechazara, sé que
me dolería un mes, dos o incluso seis, pero se me pasaría, lo acabaría superando.
E incluso estaba dispuesto a dejar el grupo si él no se sentía cómodo con mi
presencia.
Mire mis manos suspirando antes de contestar.
-
Intento… necesito – rectifique – mantenerme lo más
alejado posible de ti.
-
¿Por qué? ¿Tan odioso soy? ¿Te he hecho algo que te haya
ofendido?
-
No, no es eso. Eres la persona más maravillosa que
conozco y por eso necesito estar alejado de ti.
-
No te entiendo Jong – adoraba cuando me llamaba
simplemente Jong.
-
Necesito alejarme de ti para no cometer una locura – me
miraba sin entender así que cogí aire y se lo solté de golpe – Me gustas
Wonbin, bueno el sentimiento correcto sería te amo. – ambos nos quedamos en
silencio.
Me apoye contra el árbol y cerré los ojos tocando la guitarra con
notas y acordes sin sentido. Note como sus manos me apartaban la guitarra dejándola
a un lado. Se puso de rodillas frente a mí e hizo que le mirara.
-
Jong, Jong, Jong… - negaba con la cabeza sonriendo – mira
que llegas a ser idiota a veces… - ahora el que no entendía nada era yo.
Me movió las piernas para que las estirara y sentó sobre ellas cerca,
muy cerca de mí. Acercó su cara a la mía, con esa proximidad notaba mi
respiración alterada y a mi corazón bombeando a un ritmo acelerado. Puso sus
manos sobre mis mejillas y rozo mis labios con los suyos, susurrando un “te
amo” antes de darme un suave beso.
Aun recordaba el suave tacto de sus labios sobre los míos e
instintivamente me lleve una mano sobre ellos. Pero ahora daba igual porque el
no estaba. Se había ido para siempre. Para no volver jamás. En medio de mi
desolación comencé a gritar su nombre una y otra vez.
-
¡WONBIN! ¡WONBIN! – notaba como mis lagrimas iban cayendo
por mis mejillas como un torrente desbordado.
-
JONG, JONG… - oía su voz tan cerca de mi oído, tan real…
Abrí los ojos y me incorpore en la cama mirando a mí alrededor
encontrándome con dos ojos oscuros que me miraban preocupados.
-
Jong ¿estás bien? Gritabas mi nombre como si realmente me
estuvieran matando. – me acaricio la cara - ¿Estas llorando? – me limpio las
lagrimas que aun seguían cayendo por mis mejillas.
-
¡Estás aquí! – exclame abrazándolo con fuerza.
-
¡Pues claro que estoy aquí tonto! – me devolvió el abrazo
- ¿Dónde iba a irme?
-
No te vayas nunca de mi lado. Si lo haces moriré.
-
No tengo intención de hacerlo – me sonrió.
-
He tenido la peor pesadilla de mi vida… tu te ibas y yo….
– no pude seguir.
-
Te amo y no pienso irme nunca de tu lado – me dijo –
ahora volvamos a dormir, mañana nos espera un día muy duro.
Me tumbe otra vez en la cama y Wonbin se acomodo sobre mi pecho.
-
No me moveré de aquí, te lo prometo – dijo abrazándome
fuerte. Le mire y me beso dulcemente – Ahora duerme.
Con una sonrisa pintada en mi cara cerré los ojos
abandonándome a Morfeo.



1 comentarios:
Me ha gustado muchísimo, en serio..He llorado leyéndolo porque era como...joder qué triste...Soy una llorona(???)
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